El gran puerto de los ártabros es conocido y navegado desde la Antigüedad. Pero, quizá por las brumas que lo señorean muchos días, allí por donde entran las borrascas del Atlántico, siempre ha tenido un punto de misterio que todavía lo adorna. De los ártabros se conoce su inclinación marinera y su ascendencia celta.
En su 'Historia Natural', Plinio el Viejo va describiendo las tierras de la Hispania romana. "Corre después hacia alta mar con una enorme punta el promontorio que algunos han llamado 'Ártabro', otros 'Grande' y muchos 'Olisiponense', por el nombre de la población [de Olisipo, Lisboa], que divide tierras, mares y clima: en él termina el costado de Hispania y a partir de su contorno empieza la parte frontal. De la parte de acá está el Septentrión y el Océano Gálico y de la parte de allá el Ocaso y el Océano Atlántico. Para la dimensión del promontorio han dado algunos 60.000 pasos y otros 90.000".
Pero las noticias sobre el gran puerto del noroeste están también en otra autoridad del mundo antiguo: Estrabón. Lo trae Julio Caro Baroja en 'España Antigua (Conocimiento y fantasías)' apoyándose en el relato de una novela griega de la época helenística (siglos II - III) que ambienta algunos episodios en la península ibérica. 
Esas novelas eran una colección de sucesos prodigiosos en países remotos y exóticos. La que nos atañe, obra de Antonio Diógenes resumida por el patriarca Focio, en concreto, cuenta las aventuras de Dercilis que "Fue llevada al país de los artabros, pueblo en el que las mujeres hacen la guerra mientras que los hombres cuidan de la casa y se ocupan de las labores de las mujeres. --entrecomilla y cita de la novela Caro Baroja-- Los viajes por mar a lo largo de la costa meridional y occidental, hasta llegar a tierra de los artabros [para el antropólogo vasco no es esdrújula, en contra del diccionario], se documentan en Estrabón que se refiere al promontorio de los artabros como uno de los extremos de la península, y que los considera como los lusitanos que viven en el extremo noroeste. En otro lugar se refiere a los yacimientos de oro, plata y estaño y al trabajo que realizan las mujeres en ellos. Notemos, otra vez, que estas noticias dependen de Posidonio, el cual parece que obtuvo muchas informaciones  sobre las riquezas metalúrgicas de la península. Estrabón considera floreciente la navegación en el puerto de los artabros, conocido para muchos marinos de distintos países, y lo relaciona, en algún modo, con las Cassiterides. La historia de Dercilis, natural de Tyro, puede situarse en términos de 'novela realista' en la época en que los fenicios  monopolizaban el comercio desde Cádiz, con estas y otras islas del Mar Exterior".
Ya bajo el dominio de Roma, en el Portus Magnus Artabrorum se desarrollaron factorías y villas dedicadas al comercio. Cosa que no haría más que ganar volumen durante la Edad Media, con los puertos de realengo o monasterios como el de San Martiño do Couto, hasta ir configurando un intenso comercio con Flandes, Inglaterra y Bretaña. Aunque "las arribadas a los puertos eran imprecisas, condicionando el comercio de mercancías y el transporte de pasajeros que era siempre complementario y en condiciones muy duras" Escribe Juan Antonio Rodríguez-Villasante en 'O Camino Inglés e as rutas atlánticas', de la Colección Historia e Etnografía Galegas.
Y Concluye: 
"Se dio entonces un tipo de 'camino' mixto con navegaciones hacia los puertos de peregrinación y continuando al sepulcro del Apóstol Santiago, a veces completado  hasta o desde Finisterre. Las autoridades, conscientes de este tipo de peregrinación, protegían y apoyaban a estos puertos que eran muchos, ya que los buques llegaba a donde podían y no donde querían; de manera que los desembarcos eran en los lugares más próximos a los caminos de Compostela. El llamado 'Camino Inglés' es un ejemplo de aquella ruta religiosa y comercial que pretendía dirigir a los peregrinos que llegaban al antiguo puerto de los ártabros en las medievales villas de Ferrrol y A Coruña preferentemente".

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