Si del Camino Ingles se trata, habrá que suponer que fue el que hizo la viuda de Bath para venir a Compostela, aunque e Geoffrey Chaucer no lo revela. Eso le da licencia a Álvaro Cunqueiro para especular, pues ya hemos visto que las arribadas de la naves que venían del norte de Europa dependían en el siglo XIV de la casualidad más de lo que querían los pilotos y su ciencia.
"La viuda desembarcó en A Coruña o en Laredo. No nos lo dice el señor Chaucer. Le grand traslateur dice nada más que [...] aprovechando uno de los pocos meses que estaba viuda, vino a Compostela peregrina". Así lo explica Álvaro Cunqueiro en 'Por el camino de las peregrinaciones. Y continúa su propio y fantástico relato.
"No estaba muy segura de lo que iba a pedirle al Apóstol. ¿Un nuevo marido? ¿Bah, ése se lo agenciaba ella en un santiamén, con asomarse a la venta en Bath, en la casa que tenía en la calle que llevaba a los baños! Cualquiera de aquellos gordos caballeros reumáticos, o un mercader de la City con ataque de gota, vendrían a su abrazo, si ella quisiera. Le gustaría un letrado: "Los letrados bien alimentados -dice Rabelais-, dan excelentes y muy puntuales esposos". ¿Qué pedirle al Apóstol? Es mediodía. La viuda se arrodilla junto a una columna. Ha desayunado francolín, lo ha remojado con un jarrillo de Rivadavia. Dormita un poco. No ha pedido nada. ¿Qué pidió en Roma, en Jerusalén? ¿Qué va pedir en Canterbury? No tiene paciencia para pedir ni para esperar. ¿Qué decía aquél Ovidio romano, maestro de amor? Sí, que una mujer no tome amigo nuevo hasta que no se haya olvidado del olor del amigo antiguo. La viuda aspira: huele a incienso y a hierbas de aroma. No, no se acuerda del olor de ninguno de sus maridos. ¿Gracias sean dadas al Apóstol!"
Chaucer nos había presentado a la viuda en Los cuentos de Canterbury, en La Comadre de Bath, peregrinando a la tumba de Thomas Becket. Un retrato cargado de ironía: Experta tejedora. Asidua de su parroquia pero soberbia si alguna llegaba antes al oficio. Mujer muy honrada, de cinco maridos y algún pretendiente juvenil. Pegrerina en Jerusalén en tres ocasiones. También en Roma, Bolonia, Santiago y Colonia... "Montaba con desenvoltura su jaca, cubría con un sombrero ancho como una rodela su cabeza y solía reír y platicar con desenfado y debía ser docta en remedios de amor, pues no ignoraba las reglas de este arte.”