La leyenda retrata el duro corazón de Nuno Freire de Andrade 'O Mao' y versa sobre un amor imposible entre la hija del conde y un doncel bien parecido y fiel a su señor.  Nuno apreciaba mucho a Roxín Ropxal, un joven rubio, alegre y animoso, al parecer de origen normando, pero sin abolengo ni fortuna. Lo quería tanto que le regaló un puñal de plata y le pidió que con ése arma defendiera a los Andrade. 
El joven se enamoró de la hija del noble, Tareixa, que estaba destinada a casarse con uno de los poderosos Osorio y, aunque esta de alguna maneara le correspondía, no hubo caso y fue obligada a desposarse con Henrique Osorio.  Como todos habitaban la fortaleza del señor de Pontedeume, no es de extrañar que el muchacho suspirase por su amor y, tomado de cierta melancolía cual perillo que queda fuera y alejado de amo, montase guardia a las puertas de la cámara nupcial noche tras noche.  Cuando el conde lo sorprendió ordenó su destierro. El doncel doliente partió hacia no se sabe donde y, es de suponer, que los Andrade tampoco hicieron mucho por saberlo.

El caso es que el matrimonio entre Henrique y Tareixa no era precisamente un cuento de hadas, pese a que él hacia lo que podía por ganarse el favor de la dama, la cosa no funcionaba. Entretanto, un fiero jabalí asolaba la comarca, arrasando cultivos y propiedades y metiendo el miedo en le cuerpo a los aldeanos que terminaron pidieron al titular del feudo que hiciera algo y no solo cobrar diezmos y portazgos. Pero por más batidas que hacían, o porco bravo seguía campando. A Henrique le pareció buena idea llevar a Tareixa a una de las cacerías, a ver si ganaba unos puntos. De manera que creyó que en el estrecho paraje del río Lambre, sobre el puente estarían a salvo para ver la faena. La fortuna, esquiva muchas veces para quien más la procura, llevó al jabalí hasta allí. Henrique le lanzó una saeta y acertó, pero no hizo más que enfurecer al animal que cargó derecho y, ajeno a los usos de la caballería, primero contra Tareixa. Claro que Henrique no se había quedado a esperar y se había salvado ya saltando desde puente al río, mientras la dama era despedazada. Ya tachado de cobarde, optó por seguir la retirada hasta sus posesiones.
A los pocos días, el feroz jabalí apareció en el centro del puente muerto y con el cuchillo de plata clavado, unos dicen que en el corazón, otros que en el pescuezo. Todos sabían quién lo había muerto, pero nadie vio a Roxín Roxal que había prometido defender a los Andrade con el puñal... (No consta que fuera cachicuerno).

Páginas relacionadas

Back to Top